POR RAFAEL SANTOS

Al leer “Testigos de excepción, Interviú con importantes escritores”, el cual resulta ser, un manojo de importantes entrevistas, que para los periódicos El Caribe y Hoy, realizara durante varios años, el periodista y hoy Juez de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Francisco Ortega Polanco, uno como que se siente nadar en medio de un amplio océano de conocimientos de tipo cultural y político.

 

El libro en cuestión, de 159 páginas, es más que todo un retrato hablado de lo que para República Dominicana y parte de Latinoamérica, significa de viva voz, la palabra cultura, pero sobre todo, nos adentra a un universo pletórico de enseñanzas, las cuales se dejan escapar de cada uno de los insignes personajes, que Ortega, durante sus fructíferos pasos por el periodismo hiciera, cual trotamundo quijotesco en busca de una verdad que hoy nos llena de satisfacción al sentirnos parte cómplice de unas entrevistas tan señera para el análisis – estudio de nuestro comportamiento didáctico.

Por ejemplo, el libro tiene de entrada un plato verdaderamente fuerte en cuanto cultura se refiere: a Don Pedro Mir, o “La entrevista con la palabra”, como el autor prefirió llamarla, en donde de manera maliciosa, si se quiere, Ortega usa como carnada a este insigne hombre de la patria, el cual a todo lo largo de su conversación nos da una fiel panorámica existencial de la palabra poesía, refiriéndose a ella como la vida misma del hombre y su espíritu.

 

Luego, y con pantalones largos, continúa con el premio nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, a quien Francisco aborda tanto desde el ámbito político como cultural, y en donde el escritor peruano, además de otros temas, toca aquel concerniente a su tan celebrada novela, La Fiesta del Chivo, novela esta basada en los finales de la dictadura de Trujillo y la cual según algunas de las críticas no fue la gran cosa como las que este notable autor tiene acostumbrados a sus miles de seguidores por todo el planeta.

Sin embargo, desde la página 29 hasta la 36, el lector se choca de frente con la simpática imagen del ex presidente Profesor Juan Bosch, “Maestro de la Literatura y la Política”, el cual entre otras cosas, toca temas tan diversos en esa entrevista, como el comportamiento de la sociedad dominicana, su negación a la firma en ese momento del acuerdo entre los Partidos de la Liberación Dominicana (PLD) y el Reformista Social Cristiano (PRSC) Página 33, así como algunos tópicos de sus más encumbrados trabajos literarios.

La saga de las entrevistas nos lleva a la hospitalaria sencillez de Virgilio Díaz Grullón, uno de los grandes maestros del cuento dominicano, el cual, en cada trozos de la entrevista deja en el lector, un silencio analístico y reflexivo, a la vez que por momentos nos obliga continuar bebiendo en términos escritural, de esos sabios conocimientos a través de una obra, aunque no tan extensa, por lo menos intensa, sobre todo para aquellos que como quien escribe, pretende un día convertirse en escritor.

Ahora bien, cuando llegué hasta donde la de Don Manuel Rueda, tan solo ver su imagen, de inmediato me trasladé a ese día caluroso, cuando desde el departamento de transportación de los periódicos Hoy y El Nacional, en donde trabajaba como desabollador, le conocí.

 

J Alvarez

Les cuento, que esa tarde, el autor del libro sobre el cual reflexionamos, me llamó para que subiera a la redacción del periódico, a buscar algo de dinero que yo necesitaba prestado.

Era viernes, y necesitaba ese préstamo para poder viajar hasta Salcedo ese fin de semana. Recuerdo que esa tarde vi a Don Manuel Rueda sentado frente a una descolorida computadora, el cual de manera muy delicada me observó y me giró un saludo que nunca se me ha podido olvidar, pues, les cuento que además era un asiduo lector de su muy leída revista, Isla Abierta.

Cuando llegué a la Entrevista en un solo acto, de Franklin Domínguez, me llenó de satisfacción, al verme de frente con el autor de una de las obras de teatro que más he disfrutado: “Proceso a un hombre loco”, la misma, recuerdo que fue presentada en la desaparecida “Casa de Arte”, hoy Hotel La Casona, cuyos actores principales, eran, Rafael Perdomo (El Chino) y mi otro amigo Bernardo Castillo, y cuyo lugar recuerdo que fue habilitado para allí hablar de cultura, por el doctor Jaime David Fernández Mirabal.

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