Lamenta la cultura de la deshonestidad, indecencia, obscenidad y otras expresiones de inmoralidades

Santiago.- El doctor Ramón Antonio- Negro Veras deploró la decadencia moral que exhibe la sociedad dominicana caracteriza por la cultura de la deshonestidad, indecencia, obscenidad y otras expresiones de inmoralidades.

En su artículo, titulado “La de aquí, una moral para la vida fácil, Negro Veras reprocha la moral de la sociedad dominicana de hoy, de la que dice se ha hecho inservible, tomando en cuenta la forma de comportarse la generalidad de sus integrantes.

El abogado y analista político sostiene que “en el medio social dominicano, con la mayor naturalidad son aceptadas las acciones caracterizadas en la deshonestidad, indecencia, obscenidad, impudicia y otras expresiones de inmoralidades. Moralidad e inmoralidad van de la mano”.

Negro Veras lamenta que para la mayoría de los nuestros, da lo mismo compartir con el indecoroso, obsceno, indecente y pecaminoso, que con el honrado y acentúa que hay alianza estrecha entre el desaprensivo y el moral.

“Actuar desvergonzado, procaz, grosero y degradante, es igual que apegado a las buenas costumbres. Ese que anda por esas calles de Dios, moviéndose hecho una porquería, goza de igual consideración que el ciudadano de justos modales”.

El abogado santiagués indica que hoy da lo mismo ser honesto que deshonesto, al tiempo que deplora haya total despreocupación, absoluta dejadez, para reclamar pulcritud en las actuaciones.

“Cada vez más se acepta tolerar lo ilícito, incorrecto y repugnante. Se voltea la cara para no ver lo injustificado en lo ético y moral. Estamos en una época en la que se santifican la procacidad y lo inmerecido”.

Entre el honesto y el deshonesto

El doctor Negro Veras llama la atención sobre una corriente cuyo accionar se interesa por hacer creer que son iguales o equivalentes a los que actúan apegados a las normas de buen vivir.

“Es normal en nuestro país, comprobar cómo el peor de los inmorales, busca semejanza con aquel ciudadano modelo de conducta pública y privada. Se ha hecho habitual en los vagabundos, homologarse con los buenos”.

Agrega que es un deseo vehemente de los truhanes el luchar con ardor para ocupar el mismo lugar de la buena opinión de que goza el comunitario formal, laborioso y honrado.
Negro Veras recuerda que el desvergonzado hace lo indecible para parecerse al hombre o a la mujer que goza de respeto y consideración por ser discreta y honesta, por lo que el aprecio de que se hace merecedora la persona decente y de moderación en su conducta y moral social, el impúdico trata de igualarla.

Exhortó a los padres en la casa, y a los maestros en las escuelas, enseñar a los niños y a las niñas, que deben aprender a diferenciar, por su forma de actuar, a ese individuo moralmente despreciable, del ente social noble, honrado y limpio en sus actuaciones.

“A lo mejor del material humano dominicano, hay que hacerle saber que los inmorales, que constituyen una afrenta social, son los que se las ingenian para, mediante semejanza y diferencias, tratar de igualarse con los honestos”.

La descalificación para desacreditar

El doctor Ramón Antonio Veras advierte de la descalificación para desacreditar que se manifiesta en el objetivo del indecoroso igualarse con el decente y si no logra la equiparación, entonces recurre a la descalificación mediante el descrédito

Veras lamenta el desbarajuste de sociedad donde estamos conviviendo dominicanos y dominicanas, precisando que honestos y deshonestos; sanos y podridos, en fin, en esta mezcla de voluntades y conductas limpias y sucias, hay que estar preparado para lo más conveniente y lo peor.

Indica que la generalidad de nuestros coterráneos vive al margen de las normas éticas y morales, hay interés en hacer uso de la comparación para llegar a la semejanza entre el honesto y el deshonesto o, finalmente, a la descalificación.

“En el seno de la sociedad dominicana, la mujer o el hombre que ajusta sus actuaciones al correcto proceder, se convierte en un obstáculo, un estorbo para los antisociales, los inhibidos de moralidad”.

El abogado y analista sostiene que el ambiente actual es un medio dominado por personas apegadas a las acciones deshonestas y quien levanta el proceder correcto, es objeto de los peores epítetos, con la finalidad de inhabilitarlo desde el punto de vista ético y moral.

“En círculos sociales creyentes y practicantes de la corrupción y otros vicios sociales, tienen la vista fija, lista para lanzar dardos cargados de veneno contra quien ajusta su proceder a la honradez y limpieza de vida. Hacer daño, herir, fastidiar, lastimar, todo se vale para denigrar a quien por formación hogareña e ideológica le repugnan las inmoralidades que corroen la vida familiar, ciudadana, cívica e institucional.

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