Washington, 29 abr (Prensa Latina) La economía es la brújula que guía el voto de los estadounidenses en las elecciones presidenciales y las de medio término, marca inclinación de los electores y la victoria de los candidatos.
Hasta ahora el presidente Joe Biden confió en que un robustecido mercado de trabajo era una carta fuerte para sus planes de reelección en 2024 y en el inmediato noviembre cuando está en juego el control del Congreso.

La tasa de desempleo en marzo fue 3,6 por ciento, la más baja desde el inicio de la pandemia y dos décimas por debajo del mes anterior, informó la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS).

Sin embargo, todo no es color de rosa para el mandatario demócrata. La víspera el Departamento de Comercio anunció que la economía se contrajo en los tres primeros meses del año.

El producto interior bruto, ajustado a la inflación, cayó un 0,4 por ciento en el primer trimestre, el primer descenso desde los primeros días de la pandemia de Covid-19, y un fuerte retroceso respecto al rápido crecimiento del 1,7 por ciento de los tres últimos meses de 2021.

La presión del presidente Biden para vender a los estadounidenses su historial económico acaba de complicarse, valoró el diario The Hill.

Es para alarmarse, pues enfrentado a fracasos en su agenda de gobierno, en especial en la aprobación de programas sociales y del tratamiento a fenómenos como el cambio climático, en los números que los estadounidenses vinculan a su voto, la economía, es puntera.

Algunas encuestas señalan que para el 79 por ciento de los electores la economía es su principal preocupación, seguida por la sanidad con un 68 por ciento.

Ya los demócratas sufrieron en algunos comicios durante 2021, perdieron la gobernación de Virginia y se llevaron Nueva Jersey por estrecho margen, lo que indica que el denominado partido azul pierde terreno frente a sus rivales republicanos o rojos.

No obstante, la cifra negativa enmascaró la evidencia de una recuperación que, según los economistas, sigue siendo fundamentalmente sólida, indicó el diario The New York Times.

El descenso -un 1,4% en términos anualizados- se debió principalmente a la forma en que figuran los inventarios y el comercio en el cálculo, así como a la reducción del gasto público a medida que se reducen los esfuerzos de ayuda por la Covid-19. Las medidas de la demanda subyacente mostraron un sólido crecimiento, sostuvo el Times.

Lo más importante es que el gasto de los consumidores, el motor de la economía estadounidense, creció un 0,7 por ciento en el primer trimestre, a pesar de la subida de los precios de la gasolina y de otra ola del coronavirus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad, que restringió el gasto en restaurantes, viajes y servicios similares en enero.

«El gasto de los consumidores es el portaaviones en medio del océano: sigue avanzando», dijo Jay Bryson, economista jefe de Wells Fargo.

Pero, los economistas advierten, esa resistencia podría ponerse a prueba en los próximos meses, ya que la inflación más rápida de las últimas cuatro décadas hace mella. Los precios al consumo subieron a un ritmo anual del siete por ciento en el primer trimestre, y los ingresos de la población cayeron por cuarto trimestre consecutivo.

El Times en su valoración señaló que el porcentaje de estadounidenses que considera la inflación como el problema financiero más importante de su hogar alcanzó un récord en una encuesta de Gallup publicada el jueves. Un 46 por ciento calificó positivamente sus finanzas personales, lo que supone un descenso con respecto al 57 por ciento de hace un año.

Hay que tener en cuenta que ya no hay para la mayoría de los hogares beneficios de las rondas de ayudas federales directas por la Covid-19.

Ahora hay que esperar a ver cómo reacciona la población a la contracción del PIB, más cuando un número creciente de votantes se volvió contra la gestión de la economía por parte de Biden, según recientes encuestas.

jcm/lb

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