Por Angel Artiles Díaz-

La ‘movilidad social’ es un concepto propio de la sociología, que estudia los movimientos sociales ascendentes de personas individuales o de núcleos familiares, de un estrato social a otro de mayor jerarquía económica.

La ‘movilidad social’ es la posibilidad siempre abierta en todas las clases sociales, para que nuevos individuos asciendan y se incorporen a los status inmediatamente superiores. Por ejemplo: cuando alguien que consiga la Loto, cuando un joven se gradúa como técnico o profesional universitario o cuando consigue un nombramiento importante en el tren administrativo de la función pública.

El concepto ‘movilidad social’ lo encontramos dentro de las sociedades dividas en clases o sociedades estratificadas: clase baja, clase media, clase alta.

Excepcionalmente se aplica la idea de meritocracia, en la que el ser social puede ascender socialmente impulsado por sus méritos intelectuales, académicos y morales. Eso ocurre en una sociedad ideal, en la que el ser social es motivado a esforzarse ‘subidito a la acera’, ‘empolvadito’, con ‘buenas notas’, sin romper un plato, abotonadito y diciendo que sí a toda norma, esperando abrazado a la esperanza, que el de arriba lo mire y se conduela reconociéndole algún mérito para poder lograr el ascenso social y así mejorar su calidad de vida teniendo acceso a nuevas oportunidades.

Los beneficiarios del ascenso por méritos son detectables fácilmente, por su silencio, por su ausencia en las luchas sociales, por su indiferencia, por su prudencia, por su abulia, por su docilidad de espinazo, por la destreza con que besan la mano del que los deja subir, por la facilidad con la que producen una loa y se toman la copa de saliva que les brinda su señor.

Contrario a todo criterio de la sociología tradicional, los ‘popis’ no necesitan la Movilidad Social, porque aunque se crea lo contrario, en la sociedad actual subsiste la sociedad de castas, la de apellidos y sangre azul, como ocurría en la Europa del Medioevo, pero con ribetes de disimulo. Todavía en la Rep. Dominicana el origen pesa más que el agua. Eso explica la indeseable presencia de los ‘popis’ en el tren administrativo del Estado.

Los ‘popis’ se mueven en la denominada ‘movilidad horizontal’; o sea, dentro de una misma capa social o grupo humano que comparte los mismos intereses ideológicos y económicos, razón por la cual su nombramiento no produce un cambio de su estatus social, lo deja en su mismo contexto de fiestas en el área de la piscina, de tardes de Té, de fin de semana en el resort; lejos de la marginalidad que vota y pone presidentes, lejos de la esperanza de los pobres, lejos de la cerveza de la esquina, lejos de los compañeritos de la base, de espaldas a las estructuras partidarias. Lo que determina su comportamiento indiferente y apático para con la militancia partidaria que buscó los votos debajo de las pìedras.

Al ‘popis’ no le importa el partido, porque nunca perteneció a él; no le importan la bases, porque nunca ha olido el tufo del sudor y de halitosis inducida que emanan de su cotidiana realidad, de esa realidad en la que se encuban los votos.

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